José tiene designado su lugar en la feria que se organiza en las afueras del Estadio de Atlético Tucumán, en barrio Norte. Cada jueves se levanta a las 3 de la madrugada y, junto con su familia, viaja desde Lules a la capital tucumana para poder vender su mercadería. Arma su carpa y extiende toda la ropa usada que venía en los paquetes que se consiguen en ferias más grandes, como Alto Comedero, en Jujuy.

"Sólo nos alcanza para subsistir; vivimos de esto", dijo el joven de 25 años, quien tiene tres hijos.

A un poco más de 50 metros, Dani, de 18 años, acomodaba también la ropa usada expuesta sobre dos mesones. "Comencé a trabajar con mi hermana porque quiero terminar de estudiar", confesó la muchacha, mientras no paraba de embolsar una montaña de camperas.

Como José y Dani, el resto de los feriantes se sustentan económicamente bajo el sistema informal. Muchos de ellos recorren las ferias de San Miguel de Tucumán, donde tienen sus puestos ya definidos: Atlético Tucumán, Villa Luján y la que se organiza en la zona de barrio Municipal.

Por su parte, ante las acusaciones de la FET y de las críticas de EEUU, Luis Lobo, titular del gremio de los vendedores ambulantes, respondió ayer que la compra de la mercadería se realiza directamente a fabricantes, en Buenos Aires. "Tratamos de vender lo menos posible la mercadería informal", enfatizó.